Este robot ayuda a los niños autistas


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Este robot ayuda a los niños autistas

El robot Kaspar ayuda a los niños autistas a practicar algunas interacciones que para la mayoría de nosotros son parte del común.

Desarrollar las capacidades sociales es una vertiente muy importante durante el crecimiento y no siempre es fácil. Kaspar ha sido diseñado para ayudar en este aspecto. Estamos ante lo que se conoce como un robot social. Un dispositivo del tamaño de un niño que ayuda a los menores con autismo a mejorar su capacidad de interacción.

Kaspar es capaz de realizar movimientos y expresiones básicas por lo que permite al usuario interaccionar de forma sencilla, como podemos ver en el vídeo de abajo.


Hablamos con el responsable del proyecto, el Dr. Ben Robins, para descubrir por qué el diseño distintivo de Kaspar ha sido tan exitoso, y la sorprendente historia de cómo él y su equipo lo consiguieron.

“En psicología se utiliza el término generalización para describir las transferencia de las habilidades en un contexto a otro contexto. Las personas con autismo tienen problemas en este aspecto. Nuestro objetivo es intentar ayudar a los niños con autismo en el proceso de generalización para que puedan así desarrollar las habilidades sociales”, explica Robins.

El equipo responsable de Kaspar son unos auténticos pioneros y comenzaron con su trabajo en 1998. Nadie estaba estudiando cómo los robots podrían mejorar las habilidades sociales. Robins admite que mucho de lo que hizo al principio fue simplemente prueba y error. El resultado final ha sido un estudio que ha cambiado la manera de pensar de muchas personas en todo el mundo.

“Yo solía trabajar con los niños usando una especie de muñeca llamada Robota. Un día alguien me preguntó por qué no utilizar un ser humano disfrazado de robot. Así que en Londres encontré actuando en la calle a un artista especializado en mimo y le dije que quería contratar sus servicios”.
Se llevó al mimo a la habitación donde estaban los niños. El artista tenía las órdenes de ignorar a los infantes y solo realizar los mismos movimientos que hacía Robota.

“Los niños lo ignoraron por completo, así que lo hicimos otra vez. Sin embargo, esta vez el artista estaba disfrazado como un robot. A partir de entonces los niños empezaron a interactuar con él. La diferencia fue como del día a la noche”.

Luego se volvió a hacer el experimento con la muñeca Robota pero esta vez se le puso una máscara y una ropa muy sencilla. “Los resultados fueron casi idénticos. Nos dimos cuenta de que cuando el robot tenía una apariencia muy sencilla los niños se sentían más relajados y por tanto interactuaban más con él. Entendimos que este método podría ser una ayuda para que los niños mejorasen su relación con los demás en la vida diaria”, dice Robins.
A partir de aquí Robins y su equipo se pusieron a trabajar en 2005 para crear a Kaspar.

“Las características de Kaspar son humanas pero están simplificadas. Sabíamos que era importante mantener el elemento humano pues el objetivo del proyecto es mejorar las relaciones entre personas. También es importante el que Kaspar sea un objeto de tres dimensiones porque el niño lo puede explorar de forma física, además de aprender la conexión entre Kaspar, ellos mismos y otra gente”, explica Robins.

Las habilidades de Kaspar se manejan con un mando de control remoto que se pone en las manos del niño. El usuario controla a Kaspar y por tanto puede predecir ambos lados de la interacción. Ello hace posible también que Kaspar sea usado por dos niños al mismo tiempo, lo que ha sido una parte crucial en el éxito del proyecto.

“Esta es la razón por la que llamamos a Kaspar un robot social mediador. Tenemos un juego de imitación en lo que los niños se van turnando controlando el robot mientras que otros copian lo que hace. Esto puede que a algunos no les parezca mucho pero es increíble si tenemos en cuenta que trabajamos con niños que no tienen habilidades sociales. Para ellos supone un increíble paso adelante”, dice Robins.

A medida que ha pasado el tiempo, la tecnología robótica ha mejorado mucho, pero Robins dice que Kaspar no sería tan efectivo si fuese autónomo o tuviese una perfecta apariencia humana. Dicho lo cual, el artilugio ha cambiado mucho desde 2005.

“Las últimas versiones de Kaspar tienen sensores táctiles, que permiten alentar y desalentar ciertos comportamientos. Algunos niños autistas pueden tener algunos comportamientos violentos. Kaspar es capaz de decir: “¡Ay!”, cuando el niño no está jugando con cuidado. Además puede girarse hacia un lado como si se acobardase. Esto enseña al niño que no le puede hacer lo mismo a otros niños. El resultado es que Kaspar proporciona un entorno seguro en el que el niño puede aprender”, asegura Robins.

A pesar de todos los años que lleva trabajando con Kaspar el Dr. Robins admite que no deja de aprender. Además, cada niño es diferente, por lo que hay que adaptarse a esa realidad. “Uno de nuestros objetivos es ver cómo Kaspar puede servir para complementar el trabajo que se hace en casa o en la escuela. Hubo una vez en la que trabajamos con niños que tenían problemas con la comida. Hicimos unos juegos con Kaspar basados en la alimentación que ayudó a que los niños comiesen mejor”, dice.

“Queremos trabajar en el desarrollo del habla, hay más niños con problemas de lenguaje que con comportamientos autistas. También queremos ver cómo Kaspar podría ayudar a los menores cuando tengan que ser entrevistados por la policía o por los servicios sociales en momentos de tensión”, explica Robins.

No cabe duda de que esta tecnología tiene un gran potencial. Veremos qué es lo que nos traerá el Dr. Robins y Kaspar en el futuro.


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